Gracias Gotemburgo

Llevo 112 días sin hacer la copia física de seguridad de mi ordenador. Me olvidé el disco externo en Barcelona. Cada día mi ordenador me recuerda lo lejos que estoy de aquel 24 de agosto cuando cogí mi vuelo para irme de Barcelona a iniciar mi Erasmus en Suecia. Llegué con mucha incertidumbre a un hostel donde debía pasar más de una semana antes de ir a mi piso de estudiante. No conocía a nadie. Sin embargo, Gotemburgo me recibió con los brazos bien abiertos y en menos de 1 hora en la ciudad ya había conocido personas que me acompañarían en este maravilloso viaje.

Me he cruzado con muchísima gente durante este viaje, a la que estoy muy agradecido pues me han mostrado caras del mundo que desconocía y que me hacen ver lo mucho que me queda por aprender.

Sería injusto no mencionar a la universidad de Chalmers. Esta universidad provee todos los recursos posibles para que cualquier alumno pueda ser feliz. Desde una sauna en el lago hasta mil asociaciones diferentes donde crecer (como el CIRC), pasando por unas fiestas increíbles en el vagón de tren que tienen en el campus.

Llegué cruzando los dedos por saber si podría sobrevivir fuera de casa y me voy pensando dónde iré la próxima vez.

Gotemburgo me ha acogido y me ha hecho crecer como persona, devolviéndome la confianza en mí mismo que algún día perdí por el camino y haciéndome creer que soy capaz de alcanzar a todos los objetivos que me proponga. Me ha hecho salir del cascarón y entender quién quiero ser y hacia dónde quiero ir.

Por Gotemburgo, la ciudad donde llueve de lado.

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